Pero la realidad es tan distinta.

No hubo magia para mí, no hubo paisajes góticos ni noches de temor. No hubo adrenalina ni misterio.

Una noche me desmayé, y ahora soy lo que soy.
Un monstruo perdido y confundido.
Por primera vez, siento en cada centímetro de mi ser el significado de la verdadera soledad... y da vértigo.

Carmen

Carmen

10 nov. 2010

Primera parte (4)

- Hola, verá soy una alumna de medicina – << ¡mentirosa! >> - y estoy haciendo un trabajo sobre un caso que sucedió en este hospital hace diecisiete años, me han dicho que puede que usted lo conozca.
- ¿Qué caso?
Le mostré el libro abierto.
Leyó unas líneas, y, como el médico de antes, no le hizo falta más.
- Sí, yo la atendí también - se había puesto bastante seria -.
- ¿Le importaría hablarme sobre ella, doctora?
- Soy enfermera, no doctora, y bueno, no me importa charlar un rato, ahora estaba en mi descanso. Ven, vamos a la cafetería.
La seguí con una sonrisa, y mientras bajábamos a la cafetería, me preguntó:
- Una cosa, ¿Quién te ha mandado a mí?
- El doctor Mariano Guerrero.
- Cómo no.
Emitió un sonido de cansancio y mantuvo los labios apretados hasta que se sentó en la mesa de la cafetería y dejó escapar un suspiro.
- Bien... ¿qué quieres saber?
- Bueno, verá, este es su diario. Lo que esta muchacha escribe aquí es cómo se iba sintiendo y los síntomas que podía identificar, pero estoy estudiando medicina y necesitaría saber cosas más clínicas sobre el caso.
- ¿Por qué has elegido este?
- Pues porque el trabajo consiste en casos sin resolver y no he encontrado otro más raro.
Sonrió. Bien, que la gente sonría es bueno, se relaja y está más receptiva.
- ¿Quieres datos médicos sobre esa chica? Bien, los tienes casi todos en su diario, probablemente. Ella seguro que sabría más sobre su enfermedad que los propios médicos.
- ¿Cómo?
- Como lo oyes. A día de hoy no sabemos qué le pasaba. Al principio parecía un problema de tensión y de anemia, por los desmayos y la debilidad.
La ira que esa chica experimentaba, tenía que ser producida por algún dolor interno muy agudo que no lográbamos identificar, en todas las radiografías iniciales, en todos los análisis, parecía normal. Al menos los primeros días.
En realidad ninguno de sus médicos hemos vuelto a hablar de ella. Es el caso más frustrante de nuestras carreras, es nuestro fracaso más reluciente.
- Entiendo. Pero en su diario habla de algunas cosas que os escuchaban decir sobre su estado, como la alteración de composición de su sangre, o la bajada en picado de defensas y vitaminas a pesar de que estaba recibiendo todo lo necesario vía intravenosa.
- Sí, tratábamos de darle datos concluyentes a la madre, pero era imposible, no teníamos ni idea de lo que pasaba. Lo de la sangre, bueno, la verdad es que todos estábamos totalmente perdidos, le cambiaba, cada día tenía menos glóbulos rojos, una sangre más espesa, y cada vez menos sangre, no sabíamos a dónde iba a parar, aparte de los vómitos.
- Cuénteme su impresión, yo lo grabo y a ver que puedo sacar.

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