Pero la realidad es tan distinta.

No hubo magia para mí, no hubo paisajes góticos ni noches de temor. No hubo adrenalina ni misterio.

Una noche me desmayé, y ahora soy lo que soy.
Un monstruo perdido y confundido.
Por primera vez, siento en cada centímetro de mi ser el significado de la verdadera soledad... y da vértigo.

Carmen

Carmen

8 nov. 2010

Querido diario...

22 de abril de 1992
Hospital Civil de Málaga


Ayer no pude escribir, no tuve ni un momento de paz. Al menos, no del tiempo que estaba despierta, porque estuve sedada casi todo el día.
Hoy dicen los médicos que me van a dejar recibir algunas visitas, porque no me dan muchos días más de vida, y quiero despedirme de mi gente.
Realmente morir se ha convertido en una idea apetecible desde que padezco estos dolores, y cada día más.
Es curioso como se rinde el ser humano, cómo el cuerpo puede hacer desear a la mente algo que nos aterra tanto a lo largo de toda la vida.
Pero es una realidad, siento como mis órganos se contraen y se mueven, revelándose contra algo que no pertenece a mi cuerpo; despierto sobresaltada sintiendo los poros de mi piel cerrarse y mi sangre coagularse en mis venas, en mis pulmones.
Cuando tu cuerpo empieza a descomponerse, es mejor estar muerto.
Si no fuera por el hambre y el ansia que siento, estaría perfectamente lúcida, y eso es horrible. El caso es que hoy no me duele tanto el estómago, quizá una nimia diferencia, pero noto que ya no me pongo tan violenta. Ya no sé si eso es bueno o malo, si algún día remitirá mi enfermedad o simplemente se alargará hasta que por fin todo acabe.
Hoy han venido dos médicos extranjeros a verme, por lo visto mi caso ha transcendido a los medios y los laboratorios están más que intrigados.
Magnífico, una nueva patología que combatir, una nueva arma para amedrentar a los ciudadanos y hacerlos sentir síntomas que requerirán nuevas medicinas.
Al fin y al cabo, hay que mantener la economía activa, ¿no?

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